Getsemaní: El aceite que “no tiene precio”

Solo los franciscanos y un pequeño grupo de peregrinos y afortunados pueden probarlo

El aceite tiene un sabor dulce y profundo. Cuando se degusta mirando a la Ciudad Vieja de Jerusalén y a la Cúpula de la Roca, el inconfundible domo dorado que sobresale del perfil de las murallas, el gusto es aún más especial. No se encuentra en ninguna tienda del mundo. Sólo los franciscanos y un pequeño grupo de peregrinos y afortunados pueden probarlo.

Es el aceite del huerto de Getsemaní, un lugar sagrado para los cristianos porque en él habría orado Jesucristo antes de ser apresado y crucificado. A pocos metros, la llamada iglesia de la Agonía recuerda la angustia de Jesús antes del calvario. Una vez al año, los franciscanos, que custodian el lugar, recogen las aceitunas de los cerca de 900 olivos de este jardín, situado en la parte baja del Monte de los Olivos.

“Sentimos que estamos recogiendo un fruto sagrado, un fruto que Dios nos da”, dice, sonriente el padre Diego Dalla Gassa, franciscano a cargo de las labores de recogida.

Algunos voluntarios, la mayoría extranjeros, pueden participar en esta recogida, que se hace a mano o con rastrillos. Pequeños y mayores pasan la mañana subidos a los árboles o separando las olivas en el suelo.

“Hemos venido en familia. Se sea o no creyente es un lugar mágico y lleno de paz. Me parece importante que mis hijas participen y vivan este momento”, explica Gloria, que ha acudido con su marido y dos hijas.

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En hebreo y arameo, Getsemaní significa “prensa del olivo”, lo cual indica que los olivos y la recogida de la aceituna son una actividad ancestral en esta parte de Jerusalén. Dalla Gasaafirma que el aceite producido es tan especial como el lugar y explica que expertos italianos lo han analizado y lo han encontrado “simplemente perfecto”.

“Es un aceite único en el mundo y por eso no queremos hacer negocio con él. No lo vendemos. Lo regalamos a algunos peregrinos y gente que nos visita. Porque no tiene precio, en el sentido literal y figurado del término: no tiene precio”, explica el fraile.

Para preservar esta calidad y esta pureza la oliva debe de ser rápidamente trasladada al monasterio de Latrún, en el centro de Israel, donde los franciscanos tienen la prensa para fabricar aceite.

“Tenemos un sueño y es tener aquí, en Getsemaní, nuestra propia prensa, aunque sea pequeña, para poder fabricar el aceite aquí”, afirma Dalla Gassa. La cosecha, siempre modesta, este año será pequeña debido al meteorología de los últimos meses, vaticina el fraile.

En Getsemaní hay una parte del jardín llamado el huerto sagrado, donde se situaría exactamente el lugar en que Jesús rezó antes de ser apresado. En el hay unos 20 olivos de gran antigüedad especialmente cuidados y preservados.

“También recogemos la oliva ahí y con los huesos hacemos rosarios”, explica Dalla Gassa.

Fuente: CadenaSer

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